viernes, 24 de marzo de 2017

Agustín Parra Dueñas "Parrita"

José M. Rojas- Nacido en el barrio de Embajadores de Madrid, el 24 mayo de 1924, Agustín Parra “Parrita” vino al mundo en una familia taurina. Y por más que, como todos los niños, comenzó sus estudios –“en los Salesianos estuve yo”--, de inmediato empieza a moverse entre capotes. “Mi padre era banderillero y yo le veía vestirse… Estaba en ese ambiente. Pero mi padre no quería que yo toreara. Tanto que hasta me tuve que escapar de casa para poder torear”. “La verdad es que mi aventura duró muy poco, seis u ocho horas, no más, el tiempo necesario para que me devolvieran a casa. Pero eso sirvió para que mi padre empezara a llevarme al campo”. Y fue precisamente con una chaqueta de su padre con la que por primera vez un becerro, en el Matadero de Vallecas. “La verdad es que en poco tiempo ya empecé a torear. El vestido de luces me lo puse por primera vez en septiembre de 1941. Era un terno verde y oro, alquilado. Algo más de un año con caballos y de inmediato el debut con picadores. 
Debutó con caballos en Madrid el 13 de julio de 1944 con Luis Miguel Dominguín y Pepín Martín Vázquez.
Con poco más de 56 novilladas por bagaje, el 9 de mayo de 1945 Manolete le hizo matador de toros en la plaza de Valencia, en presencia de Carlos Arruza, ante toros de Galache. “No he pasado más emoción en mi vida. ¡La cantidad de veces que había tomado yo la alternativa soñando…!“ Y como aquello eran otros tiempos, a los veinte días confirmó el doctorado en Madrid. “Para qué engañarnos, la tarde se me dio simplemente bien. La verdad es que tenía obsesión de hacer el torero muy bien, y con una cosa y con otra no llegué al público”.
Confirmó la alternativa en Las Ventas el 30 de mayo de 1945 de manos de Manolete y testigos Armillita y Domingo Ortega.
“Toreé mucho con Manolete –seguía contando--, pero también con Arruza, con Luis Miguel, con Antonio Bienvenida… Con el que más, con Luis Miguel. Entonces mandaba Manolete. Empezó a pisar unos terrenos que antes no se habían pisado, por eso trajo a la Fiesta los triunfos cada tarde. Pero era, además, esa gallardía suya… Yo creo que por eso nunca volvió a salir otro Manolete”.
“Eran muy diferentes, entonces uno tenía que hacerse las corridas una a una. Y eso cuesta mucho trabajo, hay que ser muy torero. Entonces la organización de la Fiesta era de otro modo, no existían las exclusivas, ni las grandes empresas… Completamente diferente y para el torero más duro que lo de hoy en día”.
Fue un torero de interés para la fiesta, aunque sólo encabezó el escalafón una vez en 1947 (con 71 corridas). La mala fortuna quiso que sufriera una gravísima cogida en El Espinar (en un pulmón) el 15 de Agosto de 1950, que le dejó fuera de la temporada de aquel año.
“Lo dejé cuando acababa de cumplir los 28 años. La verdad, me enamoré. Estaba; me caso, no me caso… Y ya no le tenía ya el cariño que hay que tener al vestido de torear. No me vestía a gusto. Y por el dinero, sólo por el dinero, no se puede ir a una plaza. Por eso lo dejé. Fue el 28 de septiembre de 1952, en Barcelona, la tarde en la que Arruza le dio la alternativa a Cesar Girón”.
Se casó con Encarnación Vargas Molina, sobrina de Manolete, en 1953 y tuvieron tres hijos: Encarnación, Agustín (1955) también ejerció como torero, y Manuel.
Murió el lunes 6 de junio de 1994 en una clínica de Madrid como consecuencia de las complicaciones cardiorrespiratorias que sufrió tras ser operado del corazón hace un mes en el mismo centro hospitalario.


         ACTUACIONES EN LA PLAZA DE EL PUERTO DE SANTA MARÍA


1945
26 de agosto; Ni Pepe Luis, ni Arruza, ni Parrita dieron satisfacción a los que esperaban que hicieran algo más que cobrar sus honorarios.

No se pueden tapar con media faena de muleta, unos lances ceñidos y algún que otro quite. Ni con tres fáciles pares de banderillas y una faena valiente por bajo, ni con unos muletazos dominadores sin salsa. Para tres espadas de tanto cartel esto es muy poca cosa.
Pepe Luis con un apresuramiento inexplicable, Arruza con apatía, desgana y feas maneras matando y Parrita soso y además sin saber coger el capotillo. Pepe Luis ni la sombra de lo que fue, el mexicano, en vez de cortar la pata, la metió y el otro espada, “pa Rifa”.




1946
25 de agosto; Los seis toros fueron lucidamente toreados de capa por los respectivos espadas. Los tercios de quite fueron buenos, recibiendo los toros las puyas necesarias. De los seis, cuatro fueron banderilleados por Arruza y Morenito de Talavera. Cinco de las seis faenas de muleta fueron llevadas a cabo principalmente con la mano izquierda. Los seis astados murieron de igual número de estocadas. La lidia fue siempre admirablemente dirigida y la poca intervención que el peonaje tuviera en ella fue en todo momento de excelente calidad. 
Parrita cortó las dos orejas y el rabo del tercero e igual trofeo más dos patas en el último.
Los tres diestros hubieron de salir juntos al centro del ruedo, acabada la lidia del tercer toro, para corresponder a las ovaciones del público.
La segunda parte, por lo que toca a Arruza y Parrita, aún fue mejor que la primera.
Cuantos tuvieron la suerte de asistir a esta memorable corrida que en muchos años no olvidaremos, afirmaban unánimemente la extraordinaria belleza y plenitud de la fiesta, excepcionalmente magnífica en todas sus partes como difícilmente se recuerda otra.



1947
20 de julio; Gitanillo de Triana, Pepe Luis y Parrita, parecían venir dispuestos a armar el escándalo. Así lo demostraron en el tercio de quites del primer toro, en que los tres maestros se ciñeron con sus capotes respectivos, ejecutando preciosas verónicas, llenas de arte, de finura y de temple. Pero pronto se les acabó la cuerda. Solo Parrita, que tiene cuerda para rato, buscó con empeño la ocasión de lucirse y lo consiguió notablemente, sobre todo en su faena de muleta al tercero de la tarde.

Parrita por tener que cumplir otro compromiso en Francia mató los lidiados en tercer y cuarto lugar. La faena de muleta a su primero fue torera y reposada, tirando muy bien del toro en su toreo al natural con la mano zurda y ejecutando unas manoletinas inmejorables. Dejó una estocada, algo tendida, que el toro escupió, y después de algunos pases, también magníficos, agarró una buena estocada hasta el puño, que acabó con la vida de su enemigo. Su labor tan brillante fue premiada con las dos orejas, dando la vuelta al ruedo en medio de una ovación clamorosa.



Su segundo, que era cojo, se empeñó en no moverse, prestando cierta tendencia a la huida y el diestro, a fuerza de consentirlo y en terreno bastante comprometido, logró sacar algunos pases muy buenos, corriendo bien la mano para que no se le cayera. Todo ello a fuerza de obligarlo, sin dejar de mostrar su contrariedad al ver que no era posible sacarle mayor partido al cornúpeta. Yéndose muy bien tras el estoque, agarró media estocada, un poco tendida, que tiró patas arriba al de Bohórquez, tributándose al espada una gran ovación, que le obligó a dar la vuelta al ruedo y salir a los medios a saludar repetidas veces. 








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