miércoles, 26 de abril de 2017

Interesante corrida con un destacado José Garrido que tocó pelo

Sevilla. Feria de Abril. 2ª de abono. Casi media entrada.

Toros de la ganadería de Torrestrella.

José Garrido: Silencio y oreja.

Álvaro Lorenzo: Silencio (tras aviso) y silencio (tras aviso).

Ginés Marín: Silencio y silencio.

Tarde agradable para la 2ª de abono en la Maestranza. Una corrida con hechuras, y muy seria, donde sirvieron en reglas generales, destacando el 3ª noblón y el 4º peleó en varas y fue bueno en la muleta.. Hicieron desmonterados el paseíllo Álvaro Lorenzo y Ginés Marín. Se guardó un minuto de silencio por el fallecimiento del maestro Sebastián Palomo Linares. Se ovacionó al picador Curro Sanlúcar en el cuarto. El cuarto toro fue aplaudido en el arrastre.

Tres toreros jóvenes, pero con gran bagaje novilleril  pisaban el albero del Baratillo, tres diestros que vienen arreando, y hoy compartían cartel en el abono sevillano. Declaración de intenciones de José Garrido que se fue a puerta gayola y rodillas en tierra recibió con una larga al primero de la tarde y estuvo bien con el capote lanceando y rematando en los medios, llevando al morlaco al caballo galleando por chicuelinas y con un quite por delantales, pero después del segundo puyazo el toro perdió la movilidad y alegría de la que había hecho gala en los tercios anteriores. Tras unos ayudados por alto, el animal comenzó a arrollar, y a ser reservón en el envite saliendo con la cara alta. No pudo pegar ni una serie ligada por ninguno de los dos pitones el torero. Suerte contraria para una estocada atravesada y dos descabellos. Con el cuarto de la suelta misma disposición, toreando estético de capa y otro remate en los medios poniendo en pie al respetable. Tras brindar al público inició de rodillas con dos buenos trincherazos por bajo. El toro entraba largo, con movilidad y codicia arrancando los olés de los tendidos y el pasodoble musical cada vez que pasaba por la flámula que José Garrido le enseñaba y atemperaba la pelea del toro y sabiendo llevarlo al ritmo adecuado con bonitos remates a la finalización de cada larga y ligada tanda. Estocada.

Con un terno blanco y plata y crespón negro en el brazo, Álvaro Lorenzo homenajeaba al maestro Palomo Linares. No hubo lucimiento en el percal aunque le corrió para atrás a su antagonista toreando para el toro. Brindó al cielo. Con la franela encontró el toledano el acople al instante, bajando la mano y encauzando las fértiles embestidas de este Torrestrella que tenía ritmo. La música sonaba en la segunda tanda. Faena aseada a este ejemplar que transmitía a los tendidos pero los aceros emborronaron la eficaz y buena labor del diestro. Hizo guardia, bajonazo y descabello. Sublime quite de Álvaro Lorenzo al cuarto, de manos bajas y chicuelinas ajustadas y muy templadas. Serio el morlaco quinto brindado al público por Álvaro Lorenzo buscando la lidia en el tercio, con parsimonia plantando la muleta, y perdiendo pasos en cada tanda. El cornúpeto metía la cara pero le faltaba un punto en la acometividad, por eso la faena no terminaba de coger vuelo. Disposición del diestro pero poco eco tenía en los asistentes, la transmisión nunca llegó. Estocada tendida y caída y golpe de verduguillo.

Buen son capotero el de Ginés Marín para el recibo al tercero de la tarde. En los medios se plantó el diestro con autoridad, toreando con suavidad en series cortas porque el burel protestaba en el tercer pase, dando tiempo el torero en una faena de altibajos, con algunos enganchones con el toreo al natural que afeaban la lidia. El toro se dejaba, pero tenía ese puto que había que mantenerlo embebido en la muleta para que no se aburriera. Faltó el acople deseado en el albero hispalense. Buena estocada. Se colocó el torero jerezano en la puerta de chiqueros de rodillas a cierta distancia para lancear con una larga cambiada y tirar de un repertorio capotero que fue ovacionado. Tras brindar al público al sexto de la tarde de nuevo se situó en el centro del anillo, con un astado aún por definir, que poco a poco quería coger la muleta, aunque rebrincando en sus embestidas tras dañarse la pata. Ginés Marín, voluntarioso y firme se arrimó al toro, pero el defecto del animal hacía deslucido los pases en la lidia. Pinchazo y estocada.